Mi niño tiene un hermano menor, el cual ha sido determinante durante la pandemia, en medio del abrupto cambio de la rutina. Lo lleva de un juego a otro, lo estimula a jugar, cantar, colorear, correr, idear cosas, incluso lo abraza con frecuencia, y durante el día le habla muchísimo, comparten, se divierten. Son muy unidos, ambos se dan compañía.
Pero en todo momento ese hermano ha dirigido la rutina, los juegos, los canales de televisión; pues a mi niño se le dificulta tomar decisiones.
Así como de la nada, un buen día mi niño ya no quería jugar más, habían estado jugando béisbol, y tanto fue la insistencia de su hermano, que se impuso y dijo que ya no quería jugar más que prefería ver su programa favorito. Algo pasó, algo cambió, mi niño empezó a tomar decisiones y no ha parado.
En una consulta me dieron unos tips para estimular ese aspecto de su vida: la toma de decisiones. Son frases estimulantes como: "Está bien, lo que tú decidas...", "Tu puedes tomar tus propias decisiones...", "Que bien que elegiste eso...", "Eres genial, decide lo que quieres hacer...", "Que buena decisión mi amor...", entre otras. Durante mucho tiempo parecían no ejercer ningún efecto, con el transcurrir del tiempo mi niño comenzó a parafrasearlas y las repetía en voz alta, al instante que tomaba una decisión.
Aquello fue fantástico.
La toma de decisiones es unos de los proceso más difíciles para las personas neurotipicas, ahora imagínese para un niño TEA. Por eso es tan importante que por pequeña que sea la decisión el niño con TEA tenga la iniciativa de tomarla y sobre todo que el se sienta incluído y representado por la decisión que tomó
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