Desde que conoces el diagnóstico es esencial el apoyo familiar. Entre el padre y la madre, la comunicación de los temores, las dudas o los sentimientos experimentados tienen que ser expresados; pero todo en su momento, comprendiendo el tiempo y el espacio del otro. El papá desde el principio aceptó el diagnóstico médico, pero no fue fácil, al igual que yo necesito de una segunda opinión. Y a partir de ese día, hemos estado juntos para cada terapia, para cada progreso, y si yo estoy ocupada un día, el ha sido mi relevo.
Los abuelos, tíos, y un largo etcétera, necesitaron de tiempo para aceptarlo, tras muchas preguntas antes sus dudas , y largas conversaciones en las visitas familiares. Era un mundo desconocido, pero todo lo que ocurría era valioso y necesario, por mi niño.
Aquello era fortalecedor y la energía que hacía falta para apoyar todos juntos en la misma dirección.
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