En una oportunidad le compramos un cuento, desde que lo vio le encantó, era amarillo con muchas figuras en relieve. Todo el cuento rimaba párrafo a párrafo, y tenía palabras con cierta dificultad para su pronunciación. Yo comencé a leérselo todos los días, después se volvió su "juguete favorito", y desarrollo el recurrente apego que siempre tenía por algo, y yo no lo entendía.
Un día lo encuentro pasando las páginas, y con el dedo señalaba cada línea, cada párrafo, y en voz alta decía lo escrito en el texto. Mi niño tenía un año, y leía casi con absoluta perfección el cuento, pues en realidad no, mi niño se lo había memorizado todo.
En las visitas a familiares, mi niño se llevaba su cuento, y en algún instante, a todos asombraba con su memorización. Aquello pasaba desapercibido.
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