Ya habían transcurrido siete años, y creía que había visto todo. Descubrí junto a mi niño, algunas novedades. Para variar siempre los grandes descubrimientos, nos acompañarían y nos sorprenderían.
Un día entre risas y bromas me encontraba bailando con mi niño, al sentarme pasaron unos instantes y lo observo a corta distancia. Mi niño bailaba con ritmo, en todo su cuerpo, había armonía en cada movimiento, era coordinado, pero lo más asombroso no era nada de eso. Lo increíble era que imitaba casi con absoluta perfección, un baile que cotidianamente realizaba su padre.
En el día a día mi niño baila poco, y cuando lo hace enfrenta muchas dificultades. Aquello fue un poema.
Excelente comentario, si ha Sido difícil la pandemia para los niños neurotipicos , para los niños TEA es aún peor. No obstante, está en la disposición de los padres hacer la diferencia
ResponderEliminar